¡Ya está aquí De Parade!

Marloes Tervoort, jueves 6 de junio de 2013

El festival de teatro itinerante De Parade es famoso en Holanda. Desde junio hasta agosto actúan sucesivamente en La Haya, Utrecht, Rotterdam y Ámsterdam. E incluso si los veranos holandeses no son precisamente calurosos, De Parade los convierte en una fiesta tropical. Yo creo que es por el ambiente tan nostálgico, con sus pequeñas carpas que funcionan como escenarios, las casetas que hacen de restaurantes, y el tiovivo justo en el centro. De Parade rezuma una alegría que atrae al público como un imán. Un público formado en su mayoría por treintañeros a la última.

Es un poco como enamorarse. Cuando De Parade llega a la ciudad, comienzo a sentirme intranquila y tengo que ir. Todo empezó hace 15 años, cuando de repente empecé a oír comentarios sobre un festival encantador con un ambiente hippy, de feria de atracciones. Ese verano recibí De Parade con los brazos abiertos. ¡Qué ambiente más maravilloso, cuánta alegría, qué gente más maja! Llegué varias veces tarde a trabajar y anduve un poco resacosa durante esas semanas. Después estuve allí todos los veranos, y pude comprobar cómo el festival tenía cada vez más éxito y atraía a más y más gente. Todos querían vivir esa experiencia, y cada vez era más difícil conseguir entradas. El público también fue cambiando, y en un momento dado incluso empezó a resultar excesivo. Tenía tanto éxito que algún año hasta dejé de ir.

Pero ahora, más de 20 años después de su creación, De Parade ha vuelto a sus orígenes. Con más de 260.000 visitantes, el festival sigue atrayendo a mucha más gente que en sus primeros años, pero no importa. El festival ha crecido con su público. Ahora hay muchas más atracciones, y después de unos cuanto años los provincianos se acabaron cansando de este escaparate de curiosidades. Ahora que tengo hijos, el festival me resulta doblemente atractivo. A mediodía voy con mis niños, que adoran montar en el tiovivo. Y por la tarde vuelvo con mis amigos para recordar los buenos tiempos y acumular nuevos recuerdos que rememorar dentro de unos años. Aunque no tengo muchas ganas de que llegue el momento en que me encuentre con mi hija en el bar. Ése será el día en que deje de ir.