Una ruta por los molinos a orillas del río Zaan

25 de septiembre de 2018

Descubrir la Holanda más rural, con sus tradicionales molinos y fábricas artesanales, es posible en un recorrido que parte del pintoresco pueblo de Zaanse Schans, a pocos kilómetros de Ámsterdam. La ruta, que se puede realizar tanto caminando como en bici, recorre poco más de ocho kilómetros a orillas del río Zaan, visitando lugares únicos y característicos de Holanda.

La encantadora localidad de Zaanse Schans es el mejor punto de partida.  Aquí se pueden visitar una gran variedad de molinos que se alternan con antiguas casas de madera, jardines llenos de flores y granjas artesanales especializadas en la producción de zuecos de madera y deliciosos quesos locales.

De Kat (El Gato), construida en 1664, es el primero de los molinos que se puede visitar a lo largo del camino. Aún en la actualidad goza de excelente salud y cada día produce pinturas y pigmentos de alta calidad que abastecen a artistas y restauradores de todo el mundo.

Continuando por el pequeño sendero a lo largo del río Zaan, se encuentra el molino De Huisman, en el que es posible sumergirse en el pasado cuando, gracias a la Compañía Neerlandensa de las Indias Orientales, llegaron al país multitud de productos exóticos. Los aromas de especias tropicales inundan el interior del molino, que aún está activo gracias al viento reinante en la zona. Para terminar la visita, una degustación de productos para coger fuerzas y seguir con la ruta.

Dulces artesanales

En los alrededores de Zaanse Schans no sólo se pueden visitar molinos sino también talleres artesanales en los que se elaboran productos con estaño o antiguos hornos, donde se pueden comprar pasteles típicos holandeses o los salmiakki, tradicionales dulces elaborados con canela y regaliz salado. Esta ruta circular conduce hasta la presa Enge Wormer, el Kalverpolder y las turberas de Haaldersbroek.

Al otro lado del canal se encuentran los viejos pólderes de Wormer y Jisperveld. Durante todo el recorrido, también es posible pasear entre las antiguas casas de madera y visitar los pequeños jardines abiertos al público. Y sólo los más atentos se darán cuenta de un pequeño detalle: la fina grava de los caminos entre los matorrales está formada por conchas trituradas. Y para matar el apetito abierto por la caminata, qué mejor que degustar los deliciosos pannekoeken, especie de crepes tradicionales en Holanda y que se puede tomar tanto en su versión dulce, con mantequilla y sirope de arce, como salada, con beicon y queso holandés.

Este paseo entre los molinos y fábricas artesanales a lo largo del río Zaan es, sin duda, una ocasión única para volver al pasado y revivir el ambiente de los siglos XVIII y XIX en Holanda. Cultura, tradición y naturaleza se unen en una de las rutas más bellas del país.